NUESTRO OBISPO Y NUESTRA DIOCESIS
Mensaje del Obispo de la Diócesis
Queridos cofrades, queridos fieles, queridos jiennenses:
Casi sin darnos cuenta, la primavera vuelve a abrirse paso, dejando atrás un invierno marcado por el gran don de la lluvia. Ahora, cuando la luz comienza a alargar los días, la tierra se despereza y la luna de Nisán vuelve a marcar el ritmo de un tiempo nuevo. Con esa luna de primavera, el pueblo cristiano se sitúa, de nuevo, ante el misterio que da sentido a su fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
El ciclo se repite y, de repente, es Domingo de Ramos: los itinerarios se trazan, una vez más, y las imágenes vuelven a prepararse para salir al encuentro de su pueblo. Y, sin embargo, nada es exactamente igual. Porque, aunque el relato sea el mismo, cada año lo vivimos desde un lugar distinto; con heridas nuevas, con esperanzas renovadas, con preguntas que antes no teníamos. Cristo, que es eterno, se hace siempre nuevo, y sale a nuestro encuentro en el hoy concreto de nuestra vida.
La Semana Santa irrumpe, así, en nuestras calles como una tradición que no envejece, como una memoria viva que se renueva y renovamos con Él. No es una repetición vacía, sino la actualización constante del amor de Dios que se entrega, que muere y que vence a la muerte. Por eso, cada primavera, cada luna de Nisán, vuelve a recordarnos que la fe no es recuerdo del pasado, sino presencia real de Cristo que camina, que sigue caminando con su gente.
Ante esta nueva Semana Santa que viste de luz, de aroma y de fe las calles de nuestra ciudad, también, debe ser motivo de esperanza para todos. Los itinerarios procesionales se convierten en auténticos caminos espirituales por los que Cristo sale al encuentro de su pueblo, a través del que recordamos de forma plástica y bella su Pasión, su Muerte y su Resurrección. Su entrega es nuestra redención.
Jaén se convierte, durante estos días, en el gran escenario de la Pasión, donde la tradición y la piedad popular toman las calles convirtiendo lo cotidiano en sagrado: el sonido de los pasos, el olor a incienso, la cera derramada, el silencio expectante, la oración que brota a borbotones ante la contemplación de lo inefable, o la música que eleva el alma. Todo habla de un pueblo que necesita expresar aquello que le da sentido auténtico a su vida.
Cada itinerario es memoria viva de una historia compartida, herencia recibida de quienes nos precedieron y responsabilidad asumida por quienes hoy mantenemos encendida la llama de la fe a través de la religiosidad popular.
Al contemplar el discurrir de las manifestaciones públicas de fe por nuestras plazas y barrios, recordamos que la Pasión sigue ocurriendo aquí y ahora, en una realidad que toca la vida concreta del hombre y de la mujer de hoy. En el Nazareno que avanza cargado con la cruz reconocemos nuestras propias cargas, nuestras fatigas diarias; en las llagas del Crucificado, contemplamos el dolor del mundo; en la mirada serena de María, el consuelo de
una Madre que se aferra a la esperanza y a la fe. En el Resucitado, que todo cobra sentido en Cristo.
Las cofradías y hermandades, a través de sus recorridos procesionales, hacen visible una Iglesia que sale, que se acerca, que anuncia el corazón del Evangelio. Porque, incluso quienes se aproximan desde la curiosidad o la tradición cultural pueden descubrir que Dios sigue abriéndose paso entre nosotros.
Esta guía pretende ser una ayuda para acompañar ese caminar, una invitación a situarnos, a esperar, a contemplar y a dejarnos interpelar por el mensaje que cada imagen quiere transmitir.
Os animo a recorrer estos itinerarios con mirada creyente, con corazón abierto y con actitud de testigos. Que cada calle nos conduzca, un poco más, al misterio pascual; que cada procesión sea un encuentro con el misterio de la Pasión del Señor; y que, al final del recorrido, al final de la semana, podamos reconocer que la cruz es el camino, pero no es la última palabra, sino el umbral de la Vida nueva que Cristo nos regala.
Feliz y Santa Semana Santa.
Sebastián Chico Martínez Obispo de Jaén
