ESTVDIVNTES

Ilustre y Franciscana Cofradía del Santísimo Cristo de las Misericordias y Nuestra Señora de las Lágrimas

FIESTA LITÚRGICA Y BESAMANOS DE LA VIRGEN

La Cofradía de los Estudiantes convoca a todos sus hermanos y devotos a la Fiesta Litúrgica en honor a Nuestra Señora de las Lágrimas, que celebramos cada año el segundo sábado de septiembre, en comunión con toda la Iglesia que venera en esos días los Dolores de la Santísima Virgen.

En la santa misa honramos a nuestra Madre y Titular, que con sus lágrimas intercede sin cesar por sus hijos ante el trono de la Misericordia Divina. Lágrimas que no son de desesperanza, sino de amor, de consuelo y de salvación; lágrimas que abren para sus cofrades un camino seguro hacia Cristo, su Hijo y nuestro Señor.

Porque en cada lágrima de María se esconde un mensaje de misericordia: lágrimas que son oración por sus hijos, lágrimas que se convierten en puente hacia el perdón de Cristo, lágrimas que nos conducen a la salvación eterna.

Después de la celebración eucarística, la imagen de la Virgen quedará expuesta en piadoso besamanos, para que cada fiel pueda acercarse a Ella con filial confianza, presentándole las súplicas, dolores y alegrías de su vida.

Nuestra Señora de las Lágrimas no es sólo mediadora y madre de misericordia, sino también protectora de sus hijos estudiantes. Así lo experimentamos de manera especial en diciembre de 2020, cuando, ante el brote de covid-19 en el Real Monasterio de Santa Clara, la cofradía elevó sus súplicas a la Virgen en una misa petitoria por la comprometida salud por las hermanas clarisas. Y Ella, como madre solícita, cuidó y guardó a sus hijas, librándolas de la enfermedad sin quebrantos en su salud.

Ese signo de amor maternal sigue vivo hoy: la Virgen de las Lágrimas no abandona nunca a quienes la invocan con fe, y su protección alcanza a todos sus hijos, que encuentran en Ella refugio seguro en las pruebas y camino firme hacia la salvación.

Por ello, hermanos, acudamos siempre a su fiesta con corazón agradecido y confiado.

Besemos sus manos benditas, aquellas que recogen nuestras súplicas y enjugan nuestros llantos, para que, unidos a sus lágrimas, podamos vivir con esperanza y caminar seguros hacia Cristo, el Santísimo Cristo de las Misericordias, fuente de vida y redención.

¡Venid, hermanos, a consolar a la Madre dolorosa!

¡Venid a besar sus manos, que tantas veces han enjugado nuestras lágrimas con ternura de madre!