VIA CRUCIS DE TRASLADO DEL SANTISIMO CRISTO DE LAS MISERICORDIAS
Jaén se viste de silencio y oración, porque llega el segundo viernes de Cuaresma.
Y de los muros centenarios del Real Monasterio de Santa Clara, allí donde la oración contemplativa se hace canto secreto al Altísimo, sale al encuentro del pueblo el Santísimo Cristo de las Misericordias, madera antigua y bendita que respira fe, madera de consuelo que recoge lágrimas y esperanzas, madera santa que hoy se hace camino de salvación para una ciudad entera.
No es un traslado cualquiera. Es la Iglesia que camina con su Señor, es el pueblo que acompaña al Redentor en la vía dolorosa, es el eco de san Francisco y de sus hijas clarisas, que desde el silencio del claustro entregan su oración para que cada paso dado en este vía crucis se convierta en una estación de gracia y de misericordia.
Calles de Jaén, recoged hoy el rumor de los rezos. Balcones, abrid vuestras miradas para contemplar al Crucificado. Porque el Cristo de las Misericordias desciende de su capilla monacal y se hace hermano de cada uno, consolador de los que sufren, esperanza de los que lloran, perdón para quienes buscan reconciliación.
Este vía crucis franciscano no es sólo rito, es una catequesis viva en las calles, un evangelio proclamado en estaciones de oración, un recordatorio de que Jaén tiene corazón creyente y que en Cuaresma, más que nunca, el alma de esta tierra se enciende con la fe.
Y allí, al final del camino, espera la Merced, donde el Cristo de las Misericordias se encontrará con su Madre, la Virgen de las Lágrimas, para el solemne triduo cuaresmal y a la espera de un nuevo Lunes Santo.
Señor de las Misericordias, aquí está tu pueblo, aquí están tus hijos, aquí están nuestras lágrimas, que Tú transformarás en esperanza y resurrección.”




